
No soy optimista y la verdad es que no me considero pesimista. Simplemente me gusta la realidad cruda y aunque sufro mucho con ella, me libera pensar que de alguna forma tengo la noción de lo que pasa sin disfraces ni colores. Así tal cual.
En una economía libre de mercado como la que vivimos ahora, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta que somos esclavos y que tanto grandes corporaciones como pequeñas empresas doblegan a las personas con una promesa de dinero que dia a dia se devalúa y que finalmente muere en un mercado agonizante. Por que esa es la finalidad del dinero y su sistema basado en la inflación, devaluarse eternamente hasta que ya no sirve, para luego ponerle otro nombre y seguir devaluandolo.
Y para los que manejan este mercado no hay perdida ni riesgo. Somos nosotros los esclavos los que mantenemos funcionando la máquina y cuando hay problemas ellos utilizan una estrategia llamada asociación, donde se ayudan mutuamente prestandose apoyo y cuidándose la espalda a cambio de favores, no de dinero. El dinero es para los esclavos.
Pero las personas que estamos debajo de ellos asumimos todas las perdidas de sus juegos riesgosos y ni siquiera nos dan una explicación o una ayuda cuando la necesitamos.
A nuestras asociaciones les llaman comunismo o anarquismo y nos tildan de terroristas cuando nos expresamos en su contra. Nos dan una que otra píldora y justifican acciones represivas gritando por la seguridad de la gente. Y cuando eso no funciona simplemente nos ignoran como esclavos que somos.
Lo mas triste de todo es el arma que usaron en nuestra contra. Un arma mortal y despiadada, peor que cualquier arma jamás inventada, basada en la economía, la baja autoestima y el deseo de poder del mas debil. Crearon "El arribismo".
Esta arma del mismo estilo que un arma biológica que ataca las mentes de las personas y las hace creer mejor que el resto solo por que creen que ganan mas dinero o por que dan una imagen de ganadores.
Cuando este virus llega a nuestras mentes nos sintoniza con nuestros amos y hace que justifiquemos sus acciones. Ademas nos hace creer que vivimos en una carrera donde el premio es ser de su elite. Nos crea ilusiones y esperanzas en base a mentiras.
Este arribismo, cual virus, no tiene piedad ni respeto por niños o adultos y utiliza técnicas basadas en la envidia, mentiras, falsedades, o incluso matonerias y violencia para derribar al mas débil y pisotearlo en el suelo para que no se vuelva a parar, de esa forma se libra de competidores en la carrera por llegar a la supuesta meta.
Ese arribismo, además usa algo peligrosisimo en nuestra contra. Y es el real ataque de este virus mortal. El credito.
Para competir en esta carrera virtual tengo que gastar mucho dinero, pero como solo soy un esclavo, no lo tengo. Entonces aparecen los bancos e instituciones lideradas por esta clase elitista a ofrecerme la posibilidad de gastar mas de lo que tengo a cambio de pagar un poco mas pero en cómodas cuotas y de esta forma ser mas que el resto.
Esos gastos los hago en centros comerciales o tiendas también de estas clases de poder y que me permiten mostrar lo que tengo y lo que compro haciéndome dependiente de las "cosas". Verdaderos símbolos de poder.
Y para colmo este virus es tan completo tiene un tercer ataque: La desconfianza. La carrera por sobresalir tratando de aparentar ser mejor es tan dura que comenzamos a desconfiar de los demás y empezamos a tratar de ser como creemos que son los ganadores. Siempre cuidando nuestras "cosas", velando por que nadie se las robe.
En ese punto ya nos encontramos solos y somos unos verdaderos esclavos. En este punto cualquier asociación con otros tiene mucho riesgo y nos quita puntos en la carrera. Así que decimos adiós a la familia, amigos y nos hacemos parte del sistema en una carrera frenética que no tiene ganadores ni premios. Basada en mentiras, envidias e imágenes de como queremos que nos vean, no como realmente somos.
En este punto nos quejamos y negamos todo, somos ciegos por que queremos serlo. Por que no somos capaces de enfrentar la triste realidad: vivimos en un sistema que ayudamos a construir y fuimos tan confiados y descuidados que nos cagaron, nos dejamos cagar y no sabemos como salir de la mierda.
Si no hacemos algo ahora, no solo nuestros hijos lo lamentaran, todas nuestras futuras generaciones también.
Saludos
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